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Category: Comunidades

Grupo de investigación UN, socio estratégico de la SAI

Medellín, may. 31 – Agencia de Noticias UN– Se trata del Grupo de Estudios de Obras Subterráneas (GEOS) que se constituyó como el primer grupo de investigación afiliado a la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos (SAI).

“Nos presentamos ante el doctor Álvaro Villegas Moreno, presidente de la SAI, le mostramos los proyectos que adelantamos y solicitamos que nos integraran a la sociedad. Ya recibimos la aceptación y nos nombraron en una subcomisión encargada del apoyo y la asesoría en el tema de mecánica de rocas y de obras subterráneas”, explicó Oswaldo Ordoñez Cardona, director del GEOS.

El grupo de investigación se estableció en el 2006 y actualmente es integrado, en su mayoría, por estudiantes de Ingeniería Civil y algunos más de Ingeniería Geológica y un estudiante del posgrado de Geotecnia. Todo el equipo de trabajo está adscrito al Grupo Georrecursos, Minería y Medio Ambiente (Gemma).

De acuerdo con Ana María Gaviria, directora de la SAI, una de las razones para suscribir este tipo de alianza es por los proyectos investigativos que el GEOS realiza con los temas sobre túneles y obras subterráneas.

“Es el primer grupo que tenemos y un comité de estudiantes de una universidad tan prestigiosa. Los decidimos aceptar porque presentan interés por la profesión,  por la ingeniería y por las profesiones afines. Para nosotros es un privilegio tenerlos”, agregó.

GEOS ya ha realizado estudios como el de las deformaciones de la Cordillera Central, que se trabajó en la Central Hidroeléctrica Porce III. Entre los proyectos que adelantan sus miembros actualmente está la caracterización de algunos problemas de caída de rocas e inestabilidad en la vía Medellín – Santafé de Antioquia, y el diseño y valoración de falsos túneles como solución a la problemática de esa misma vía.

“Tenemos otro proyecto de menor cuantía que es el estudio geotécnico de la marginal del Cauca, entre Bolombolo y Santafé de Antioquia; y otro más que es la evaluación del proceso y de lo que se ha hecho y diseñado en la Bermejala, sector de Chirapotó, en la vía troncal que va cerca al río Cauca”, explicó Ordoñez, quien además es el director del Grupo de Investigación Gemma.

Para la segunda semana del mes de agosto, la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos tiene programado un seminario sobre las Autopistas de la Montaña, evento que se realizará en el Parque de los Tamarindos y que tendrá ocho conferencistas. Entre ellos estará el profesor Ordóñez, quien hablará sobre taludes y el diseño de falsos túneles para solucionar problemas geotécnicos y de mecánica de rocas en algunas vías de la región antioqueña.

Chile comparte conocimientos geológicos con la UN

Medellín, feb. 16 – Agencia de Noticias UN– Chile es el país con mayores depósitos de cobre en el mundo y uno de los más avanzados en el desarrollo de investigaciones acerca del proceso de formación de yacimientos metalíferos.

Por eso, Víctor Maksaev, profesor de la Universidad de Chile, es el experto invitado al Curso de Modelos Geológicos de Yacimientos y Metalogénesis, organizado por el grupo Gemma de la Facultad de Minas de la UN en Medellín y que se realiza en la Biblioteca EPM hasta el viernes 19 de febrero.

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Medellín tendrá Parque Industrial Minero

Medellín, feb. 11 – Investigadores del Grupo Gemma adelantan la formulación del plan de manejo para este parque que estará ubicado en el Corregimiento de Altavista. Se trata de un convenio interadministrativo con las secretarías de Planeación y Medio Ambiente del municipio, que busca cumplir con lo estipulado en el POT.

Medellín, feb. 09 – En el corregimiento de Altavista, al Suroccidente de la capital antioqueña, se construirá el primer Parque Industrial Minero de la ciudad. Investigadores del Grupo en Georrecursos, Minería y Medioambiente (Gemma) de la UN en Medellín, adelantan la formulación del plan de manejo.

Se trata de un convenio interadministrativo con las secretarías de Planeación y Medioambiente del municipio, que busca cumplir con lo estipulado en el Plan de Ordenamiento Territorial, el cual contempla la creación de un parque de este tipo.

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Exploración sísmica: con futuro en el país

Medellín, nov. 26 – Una alternativa a la perforación y las condiciones de seguridad del país hacen que la exploración sísmica esté en aumento en Colombia, afirmó Fabio Santamaría Rueda, jefe de control de calidad de la empresa Petroleum Geo-service, invitado a una charla por el Grupo Gemma de la UN en Medellín.

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Inició la creación del sistema de información de agronegocios del país

Medellín, jul. 23 – Agencia de Noticias UN– Se trata del Sistema de Información y Gestión del Territorio, Siget, un ambicioso proyecto adelantado por investigadores del Parque de la Minería del Grupo Gemma de la UN en Medellín que incluirá, entre otros, datos indicadores de las actividades minera, energética, social, transporte, ambiental e industrial de todo el territorio colombiano.

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Las anteriores noticias son recopiladas de la Agencia de Noticias UN

A lo largo del río Atrato se ven en las orillas árboles hasta que se pierde la vista, caseríos de cuando en cuando y decenas de enormes tablones recién aserrados amontonados, listos para la venta.

Cada año se explotan en promedio 4 mil hectáreas de bosques de Chocó para extraer la madera y venderla en Medellín, Cartagena, Pereira, Buenaventura, Cali y Bogotá. Pero los chocoanos viven en casas mal armadas sobre barro, charcos y basuras, sin alcantarillados y muchas veces sin energía eléctrica siquiera.

“A la gente no le queda de lo que tiene. Tanta riqueza que hay, y mire las comunidades cómo están de llevadas”, dice un líder negro.

¿Por qué la gente de Chocó tiene todo y les queda tan poco?  Las comunidades negras e indígenas son las únicas dueñas de esa tierra y de las 50 variedades de maderas desde cuando la Ley 70 de 1993 les reconoció la propiedad de los territorios donde históricamente han vivido. O sea que, desde ese momento, extensas zonas que se consideraban del Estado, pasaron a ser de su propiedad.

Los terrenos que pertenecen a las comunidades negras están divididos en grandes parcelas que se llaman consejos comunitarios. Y a los territorios donde están los indígenas se les dice resguardos.

Si uno va por el río Atrato y mira al horizonte, puede que buena parte de ese gran territorio verde le pertenezca a cualquier persona indígena o negra que esté parada al lado de uno. Por eso es tan paradójico que de toda la madera que se extrae de allí, sea tan poquito lo le queda a esta gente, dueña de la tierra.

Trámite costoso

Lo que ha ocurrido es que, desde siempre, la explotación de madera en Chocó se ha hecho sin mayores controles. Para mitigar el deterioro de la naturaleza, el Ministerio de Ambiente emitió en 2007 la resolución 1393, que establece que quien posea una tierra y quiera aprovechar los recursos que hay en ella, debe hacerle una solicitud al gobierno, que decide, en este caso, la cantidad  de madera en metros cúbicos que se pueden cortar.

Para pedir ese permiso, los consejos comunitarios y los resguardos deben presentar un estudio que diga cuántos árboles hay en el territorio, de qué especies son y qué medidas de grosor y altura tienen. Además, deben entregar un plan de aprovechamiento, donde diga qué es lo que se va a hacer allí, qué equipos se van a usar y cómo es que se respetará el ambiente.

Elaborar esos documentos vale un platal que no suelen tener los chocoanos nativos. Para pedir un permiso de extracción de 10 mil metros cúbicos, que es el promedio que se pide, hay que invertir sólo en los estudios al menos 10 millones de pesos.

Al ingeniero forestal Jesús Lácides Mosquera, ex director de la Corporación Autónoma Regional de Chocó (Codechocó) entre 1995 y 2002 se le ocurrió una  solución al problema.

“Teníamos una coyuntura y era que los empresarios que venían cortando madera cuando las tierras eran del Estado, se vieron, de repente, parados en terrenos privados. Pero como los dueños de esa tierra no tenían con qué tramitar los permisos para aprovechar la madera, propuse que se asociaran”, dijo Mosquera a Semana.com.

Esa asociación consiste en que un empresario financia los estudios y consigue los permisos del gobierno. Por ese servicio,  los consejos comunitarios y los resguardos les dan a los empresarios un 70 por ciento de descuento sobre el 30 por ciento de la madera que tienen autorización de explotar.

“Y a mí, que estoy asesorando, me dan otro 30 por ciento con un descuento igual”, cuenta Mosquera, que ya maneja ese modelo de negocio con 40 consejos comunitarios en la zona alta del río Atrato. El modelo se expandió por todo el departamento y lo están aplicando varios empresarios e ingenieros forestales.

A primera vista parece una asociación productiva, pero en la realidad estas comunidades terminan entregando el control sobre sus territorios a terceros a cambio de una fracción de su riqueza.

Como esclavos

Las normas están hechas para que los representantes legales de los consejos comunitarios y los cabildos de los resguardos tengan el control de lo que pasa en sus tierras. Así, quien va a sacar madera, debe tener su consentimiento para que Codechocó pueda emitir un salvoconducto que permita movilizarla por el río o por tierra. Pero tener un socio implica darle licencia para que diligencie salvoconductos ante CODECHOCÓ.

Y, ¿qué es lo que está pasando? Que no siempre el empresario que inyecta dinero es quien va y extrae la madera directamente, sino que, a su vez, revende su cuota del negocio autorizado.

Aparecen entonces los intermediarios. Ellos no suelen tener contacto con los representantes legales de los consejos comunitarios ni con los cabildos indígenas, sino con el empresario privado que tramita los salvoconductos.

Los intermediarios utilizan cuadrillas de aserradores, que son precisamente los propietarios de esos bosques, pues son los que los conocen bien y están dispuestos a hacer el trabajo pesado para ganarse la vida.

El intermediario les da la motosierra, la comida y el combustible para que se internen en la selva durante meses, corten la madera, la saquen a las quebradas y la transporten hasta los sitios de acopio. Generalmente, deben llevarla hasta las cabeceras de los municipios más grandes, donde el negociante maneja sus redes comerciales.

“Aquí hay unos compradores que dotan de herramientas, comida y motosierras a las personas que cortan esa madera”, explica Manuel Humberto Moreno, alcalde de Vigía del Fuerte, un municipio que queda en la orilla antioqueña del Atrato.

Cuando llegan los aserradores, se liquida el valor de la madera y se les empiezan a descontar las cuotas que deben pagar por la motosierra, el alimento, la gasolina que se gastaron las lanchas y la misma motosierra.

“En últimas, la gente termina trabajando por un plato de comida, porque en lo que cobra no tiene en cuenta ni el esfuerzo que realiza ni el tiempo que se gasta trabajando y, fuera de eso, sale a deber”, cuenta una líder negra que ha observado la situación.

Sin control

Este modelo presenta tres problemas para los habitantes de las orillas del Atrato. Primero, no ven en la madera, el producto que más debería aportarles económicamente, una verdadera posibilidad de negocio.

“La madera no es recomendable por tanto pago que hay que hacer como transporte, combustibles y alimentación. No trae sino cansancio”, dice un líder indígena.

Si esa cantidad de gastos deben asumirlos quienes están dentro del modelo de negocio que está operando, para aquellos que no están en él sí que les sale más caro.

“Aquí uno corta cuando hay mucha necesidad. A veces le compran a uno y queda debiendo porque toca pagar 80 mil pesos de gasolina para la motosierra, 70 mil para la lancha, 100 mil al que maneja la motosierra, comida y el salario para los empleados, más los impuestos a los consejos comunitarios o los resguardos para que le den a uno el salvoconducto y los que cobra además Codechocó”, cuenta un habitante de la orilla del río mientras repara su motosierra para salir a cortar madera, sin esperanzas de obtener mucho dinero.

El segundo problema para las gentes negras e indígenas es que a sus territorios entran personas que ni siquiera se sabe quiénes son. Pueden ser enviadas por los intermediarios, que mandan a los aserradores a trabajar a cualquier parte donde hayan comprado árboles para cortar, o desconocidos que quieren usar las tierras ajenas.

Eso ha generado señalamientos y algunas tensiones. “El problema sobre la explotación de la madera es que los negros de la comunidad vecina no respetan nuestro territorio. Se pasaron el lindero”, según le dijo a Semana.com un líder indígena.

Entonces los líderes no saben si esas personas están dentro del negocio o si están robando sus recursos. Si tuvieran la potestad de certificar cuánta madera sale de sus resguardos o consejos comunitarios para que Codechocó expida los salvoconductos de movilización, podrían pelear más fácil por lo suyo. Pero como ya les han entregado a sus socios capitalistas parte de esa potestad también, perdieron el control.

Además, en 2007 se perdieron 800 salvoconductos en blanco de las bodegas de CODECHOCÓ y no se han recuperado ni se han detectado a los culpables. Posiblemente, sea muy fácil tener uno de estos en el mercado negro para movilizar la madera cuyo corte no ha sido autorizado por ninguna autoridad ni por ningún empresario.

Héctor Damián Mosquera, director de CODECHOCÓ, reconoce que “en todas partes hay tala ilegal, pero no tenemos la capacidad operativa para controlar todo el territorio”.

Silencio y miedo

Y si alguien nota que en su tierra están cortando madera sin permiso, prefiere el silencio, y este es el tercer problema del modelo que se está aplicando. ¿Por qué callan? Porque el primero que puso en practica  la idea de repartir motosierras, comida y gasolina a cambio de trabajo fue el paramilitar Fredy Rendón Herrera, alias ‘el Alemán’, y su bloque, el Élmer Cárdenas, que asoló esa región entre 1995 y 2006.

“El negocio de la madera era porque necesitábamos finanzas. Nosotros les
entregábamos la motosierra, la comida y el combustible al precio que valía. Y como la tropa avanzaba combatiendo a la guerrilla, ellos trabajaban en zonas que estaban más controladas y nos vendían la madera a nosotros al precio que se vendía en Riosucio. Si nos vendían a 700 mil, nosotros se lo vendíamos al comprador de Cartagena a 850 mil, por decir algo. En Cartagena nos compraban directamente a nosotros. Manejábamos 200 motosierras, 400 ó 500 mulas, que podían producir 100 millares de madera trimestral”, según le dijo ‘El Alemán’ a la revista SEMANA en una entrevista.

De acuerdo con sus declaraciones, en su negocio no había contrabando. “Los campesinos tenían los permisos y lo único que nosotros hacíamos era una venta. Pagábamos a la proveedora, pagábamos combustible y pagábamos un porcentaje a la máquina y a los semovientes. Le vendíamos al que nos trajera la plata en efectivo, nosotros no fiábamos. Nos llegaba la plata en costal. Había meses de 200 millones, 100 millones. Era la participación que teníamos nosotros. Y el campesino tenía la posibilidad de volver al monte e ir pagando la herramienta que no tenía”, dijo ‘El Alemán’ en aquella entrevista.

La gente de la región, conociendo cómo actuaban estos hombres y que estaban detrás de muchos de quienes entraban a cortar madera en sus tierras, considera todavía que es mejor no hablar.

Cuando existía el bloque paramilitar Élmer Cárdenas, quien no estuviera dentro de su esquema de negocio debía pagar vacunas. “Eran pagos concertados. Los madereros pagaban voluntariamente un impuesto del 5 por ciento sobre maderas finas y 3 por ciento sobre maderas ordinarias. A las personas que no querían contribuir, no se les tomaba algún tipo de retaliación. Esas empresas que aportaban eran Maderas del Darién y Tríplex Pizano”, de acuerdo con lo dicho por ‘el Alemán’ en sus versiones libres de junio de 2007.

Es decir, buena parte del negocio de la madera estaba controlado por los paramilitares. Por eso es que el aprovechamiento de la madera a lo largo del río Atrato es un tema casi secreto, del que no se habla en público.

“¿Usted quiere que le hable de la madera?”, pregunta la gente en susurro, mirando a los lados, para decir después: “pero aquí no”. En seguida, sugieren hablar en un espacio privado y sin que se vaya a hacer público su nombre. Y ahí sí comienzan a contarlo todo.

En Riosucio cuentan que los paramilitares les están pidiendo a los representantes legales de los consejos comunitarios un porcentaje del total de madera que les dejen cortar. De cada licencia piden el 10 por ciento.

Al que no acepte, lo amenazan. “Usted tiene que financiar esta guerra también”, es el pretexto que usan hombres que dicen pertenecer a las Águilas Negras. “Y vaya y denuncie y verá que más se demora usted en contar que nosotros en enterarnos”, les advierten.

Además, “cuando nos ven con madera, nos piden vacunas”, relata un indígena, igual de sigiloso, midiendo sus palabras.

El sargento Gabriel Peña, comandante de Policía en Riosucio, cuenta que “la gente dice que la extorsionan, pero cuando vamos a averiguar, dicen que no. Les da miedo hablar con nosotros porque creen que si los ven, piensen que nos están dando información y tomen venganza. El problema es que la gente no denuncia, pero se dice que por todas partes andan actores armados, están unos días y después se van. No hemos podido detectarlos”.

La guerrilla, que sigue asentada en las partes altas de las montañas, donde están los mejores árboles madereros, sabe que quien sube a cortar es porque está financiando a sus enemigos. A veces piden vacuna también, amenazan o golpean y les impiden su presencia a quienes suben a talar.

La Defensoría del Pueblo ha advertido que en algunos lugares de este municipio, las FARC “han impuesto una exacción forzosa del cinco por ciento sobre la madera que extraen las comunidades e intervienen constantemente en las decisiones de las autoridades indígenas, además de realizar homicidios selectivos”.

Una fuente de esa institución en Bogota contó que es bien conocido que desde Vigía del Fuerte, en la orilla antioqueña del río Atrato, los paramilitares controlan sus operaciones. Pero también, en algunos lugares alejados del casco urbano de ese municipio, “las Farc están implantando cultivos lícitos e ilícitos y vienen explotando y comercializando recursos maderables”, según alertas emitidas por la Defensoría.

El coronel Hernando Herrera, jefe de Estado Mayor de la brigada XV, sabe que “en Chocó, la madera mueve mucho comercio y es por medio de pequeños y medianos comerciantes que los grupos ilegales buscan apoyo. Hemos combatido y hablado con los comerciantes para que denuncien”, pero nadie lo hace, según cuenta.

En últimas, en Chocó la gente sigue soportando la pobreza, bien sea por la violencia que los aqueja o porque están, como explica una lider, como la parábola del elefante. “¿La conoce?”, pregunta. Y responde: “a los elefantes de los circos los amarran desde pequeños a una cuerda y ellos se acostumbran a que ésta los domina. Pero cuando crecen, los elefantes tienen tanta fuerza, que son capaces de tumbar el circo entero. Sin embargo, se mantienen controlados cuando los amarran, porque no se han dado cuenta de lo que pueden hacer”.

Y eso, según ella, puede estar pasándoles a sus coterraneos de Chocó. Ya son dueños de la tierra y sus recursos, pero les falta usar el poder que tienen para exigir lo justo.

Cuando se den cuenta de que ya no son como los elefantes pequeños, ese paradójico paisaje de maderas, verdes de muchos árboles y pobreza a lo largo del río Atrato, podría convertirse en otro diferente, donde se vea que la riqueza que crece en esa selva todos los días es para quienes se ganaron su derecho a aprovecharla.

FUENTE: Revista SEMANA

Con el cambio climático y sus consecuencias sobre los países, parece confirmarse el refrán según el cual siempre pagan justos por pecadores. Sólo basta con mirar los efectos que ya está ocasionando el calentamiento global en Colombia para saber quiénes comienzan a pagar los platos rotos de la contaminación que por décadas han acumulado los países industrializados y las economías más potentes del planeta.

Aunque Colombia carece de una gran industria y su energía es limpia, pues proviene un 80 por ciento de centrales hidroeléctricas, eso no significa que saldrá inmune de los efectos del calentamiento global. Paradójicamente es uno de los más afectados por algo que no es su responsabilidad. El efecto invernadero es el fenómeno por el cual las emisiones generadas por la combustión, entre otros, de carbón, gas natural y petróleo (debido a la actividad industrial y económica) se retienen en las capas más altas de la atmósfera terrestre, por lo que evitan que el calor del sol se difumine, lo que recalienta la superficie y ‘enloquece’ el clima.

El país sólo produce el 0,37 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero en el nivel global, mientras que Estados Unidos y China son responsables cada uno del 20 por ciento, la Unión Europea del 14 y Rusia e India del 5 por ciento cada uno. Pero en Colombia sí están pasando cosas ‘raras’. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), entidad que durante 30 años hace registros y sigue de cerca lo que pasa en los páramos, los ríos y los glaciares del país, tiene la evidencia.

Ricardo José Lozano, su director, asegura que la entidad ya ha detectado un cambio en la tendencia histórica de la temperatura del país, con un aumento anual de 0,02 grados centígrados y que al mismo tiempo se ha evidenciado una reducción en las lluvias. Esto, según los expertos, es muy grave. De hecho, por culpa de esa tendencia se está perdiendo al año un 3 por ciento del área de los glaciares en el país. El Ideam estima que de continuar, en 2035 Colombia ya no tendría nevados. Uno de los daños más palpables del cambio climático se nota en el área glaciar de la Sierra Nevada de Santa Marta. Y esto no sólo implica la pérdida económica en que lleguen menos turistas, sino el impacto en el ecosistema.

Algunos episodios climáticos también dan pistas de que algo está pasando. La primera temporada de lluvias de 2008, entre mayo y junio, aumentó los niveles de los principales ríos (Magdalena y Cauca) que superaron los valores históricos. A esto hay que agregar las tormentas y granizadas en lugares inusuales y la pérdida de cosechas, por ejemplo la producción cafetera se redujo considerablemente por el fuerte invierno del año pasado.

Pero si lo que está sucediendo es preocupante, lo que vendría, si nada se hace para bajar el efecto invernadero, sería aún más grave. Los últimos datos recogidos por el Ideam son escalofriantes. Los colombianos sentirían el impacto en varios frentes: variaciones extremas, es decir, lluvias intensas en algunas regiones y sequía en otras; aumento del nivel del mar en las costas Pacífica y Caribe con inundaciones y un incremento gradual en la temperatura del aire en todo el territorio.

Según los cálculos de este organismo, para el período 2070 – 2100 se estima que la temperatura subiría entre 2 y 4 grados centígrados en la mayor parte del territorio nacional. Y en algunos casos podría sobrepasar los 4 grados, como en el valle interandino del Magdalena, en el Norte de Santander y el Bajo Magdalena. Esto afectaría las cosechas de muchos de los cultivos, ocasionaría la aparición de plagas tanto para los animales como para los sembrados, incluidos los pastos necesarios para la ganadería. También para ese período se reduciría en forma muy importante la cantidad de lluvias al año. Especialmente en el piedemonte llanero, Norte del Pacífico y Magdalena Medio.

Ninguna región se escapará de los efectos. En la región Caribe aumentaría la frecuencia e intensidad de los huracanes, subiría la temperatura superficial del mar y eso generaría graves trastornos en las especies marinas que emigrarían a buscar un mejor hábitat.

Un deshielo de glaciares como el que se produciría en el planeta ocasionaría un aumento del nivel del mar, con graves consecuencias para la población costera, y Colombia tiene dos costas y 28 islas. Algunos primeros efectos ya se perciben en ciudades como Buenaventura, Cartagena o San Andrés.

Las áreas secas como el Caribe, La Guajira, Santa Marta, entre otras, sufrirán procesos de desertificación y degradación de suelos. En la zona Pacífica las inundaciones traerían como consecuencia una mayor transmisión de vectores como el dengue y la malaria y el desabastecimiento de los acueductos.

En la región Andina se estima que el 56 por ciento de sus páramos pueden desaparecer para 2050 y hay que recordar que el 25 por ciento de la población colombiana depende de las aguas provenientes de los mismos. Pero además, ello traería consecuencias de pérdida de la biodiversidad y de la capacidad de las hidroeléctricas para producir energía. Para colmo, los incendios forestales se producirían con mayor frecuencia.

En la Amazonia y la Orinoquia, ante la reducción de lluvias, habría pérdida de humedad. Según los expertos este es una de los más graves efectos por su impacto en el resto de las regiones, pues los vientos del sur arrastran la humedad hacia las cordilleras.

Sin duda el panorama anteriormente descrito luce bastante dramático, pero no hay que salir corriendo. Lo que sigue ahora es diseñar planes de adaptación para mitigar el impacto en las comunidades más vulnerables. Y aunque todavía hay muchos incrédulos sobre la real dimensión de los daños que se podrían generar con el calentamiento global, la verdad es que en este caso es mucho mejor prevenir que lamentar, no sea que de pronto sea demasiado tarde para actuar.

FUENTE: Semana.com

Las minorías étnicas aseguran que el Estado no respeta los derechos territoriales.

El 65 por ciento de las concesiones mineras vigentes en Colombia es de yacimientos situados en tierras ancestrales de comunidades indígenas y afrodescendientes, dijeron en Bogotá fuentes de estas minorías étnicas.

Se trata de áreas entregadas en concesión hasta el año pasado por el Instituto Colombiano de Geología y Minería (Ingeominasl), según resultados de un estudio divulgados por la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic).

La investigación fue realizada por el Centro de Cooperación al Indígena (Cecoin) y guió un seminario de dos días sobre concesiones mineras que reunió en Bogotá a representantes de pueblos indígenas, negros y campesinos afectados por la entrega de territorios a compañías nacionales y multinacionales.

La coordinadora del encuentro, la aborigen embera Patricia Tobón, dijo a la prensa que el Estado “ha decidido ofertar derechos territoriales y económicos de estas comunidades, imponiendo una economía de extractivismo a gran escala que va en contra de los derechos de estos pueblos”.

Las zonas en concesión están dentro de los 31 distritos mineros, con un área de más de 15 millones de hectáreas y creados por el llamado Código de Minas, adoptado en 2001, pero el Ingeominas ha cedido otras por fuera de ellos, agregó Tobón.

El estudio estableció que los contratos, licencias, permisos y autorizaciones mineras en vigencia cubren casi 2,93 millones de hectáreas, en tanto que las solicitudes en gestión superan los 30 millones de hectáreas.

Entre las peticiones está la de La Colosa, mina situada en las montañas de Cajamarca y con reservas calculadas en 12,9 millones de onzas de oro, cuya licencia la recibió la canadiense Anglo Gold Ashanti, que aún no tiene permiso para entrar en la fase de explotación.

El coordinador general de Ecotierra (organización no gubernamental de Cajamarca), Evelio Campos, advirtió en la misma reunión con la prensa de que la multinacional hizo de manera ilegal exploraciones en el área de reserva forestal de la zona.

En dicha reserva existen 101 nacimientos de agua que dan lugar a tres ríos que confluyen en uno mayor, el Coello, que alimenta un distrito de riego de 35.000 hectáreas, señaló Campos.

El portavoz de Ecotierra resaltó que en La Colosa se podrán obtener 1,5 gramos de oro por cada tonelada de roca y que, para explotar toda la mina, se necesitará de un millón de toneladas de explosivos y de tres millones de canecas de cianuro.

La multinacional ha violado allí “la Constitución, las normas ambientales, los planes de desarrollo locales”, afirmó Campos, quien indicó que esta compañía, que llegó allí en 2003, se ha dado a la tarea de ofrecer dádivas y financiar obras, actividades y fiestas públicas que han dividido a los lugareños.

La misma trasnacional busca explotar los yacimientos auríferos de La Toma, aldea rural de la localidad de Suárez, en el departamento suroccidental del Cauca, dijo el representante legal del Consejo Comunitario de Negritudes de la población, Aníbal Vega.

El caserío, curioso caso de asentamiento negro andino, tiene unos 7.000 habitantes, el 99 por ciento de ellos afrodescendientes, agregó Vega, quien observó que se trata de una comunidad que ancestralmente ha vivido de la extracción de oro.

Sin embargo, Ingeominas le concedió a la compañía canadiense licencia para explotar los yacimientos, lo que, subrayó Vega, “es una gran amenaza”.

“Hasta el cementerio, donde tenemos enterrados a nuestros ancestros, está dentro de la licencia”, se lamentó Vega.

El proyecto sobre el cerro de Careperro, sitio sagrado del pueblo de los embera katíos en el noroeste del país, fue presentado como otro desarrollo conflictivo.

La licencia sobre Careperro la recibió la estadounidense Muriel Mining Corporation, y la iniciativa tiene influencia sobre 11.000 hectáreas de selva, entre El Carmen del Darién y Murindó, localidades en los departamentos del Chocó y Antioquia, respectivamente.

“Para nosotros, la destrucción de la naturaleza es la muerte de la misma madre naturaleza”, afirmó el representante legal de los pueblos indígenas del Chocó, el embera Jorge Luis Querágama.

Fuente: Elespectador.com

Medellín, Ago. 25 – Agencia de Noticias UN– La V Feria Internacional se realizará entre el 9 y el 11 de septiembre en la Plaza Mayor de la capital antioqueña y contará con muestra comercial, el XV Congreso Colombiano Minero, Rueda de Negocios y Contactos y Ronda de Cooperantes.

Además de la UN y su Facultad de Minas, este evento es organizado por el Ministerio de Minas y Energía, la Cámara de Asomineros de la ANDI y la Gobernación de Antioquia, y contará con nutridas presentaciones académicas y el desarrollo de temas del sector, su futuro y competitividad.

“En la feria tenemos que estar los académicos para dejar un mensaje no solo de apoyo a la inversión en el país, a nuevas fuentes de empleo; también a una nueva mirada del sector minero que consideramos que tecnológicamente está todavía muy lejos de ser un sector de avanzada”, expresó Juan Manuel Vélez, decano de la Facultad de Minas.

Nicolás López, secretario de Minas de Antioquia, destacó que “en stand vendidos pasamos de unos 120 a unos 170 el año pasado y este año esperamos llegar a 200. Este es el espacio perfecto para traer más inversión extranjera, y para fomentar un sector que tiene todo por desarrollar y que debe trascender su rol de industria meramente extractiva para convertirse en una industria de valor agregado a través de ciencia, tecnología e innovación”.

Este año la muestra comercial contará con la presencia de expositores provenientes de diferentes países, entre ellos Brasil, Perú, Estados Unidos, Chile, Canadá, Alemania, Colombia, Polonia y Australia, estos dos últimos nuevos en la feria.

De acuerdo con el Secretario de Minas de Antioquia, la industria minera colombiana en un año alcanzó inversiones superiores a dos mil millones de dólares, y se mantiene como uno de los sectores más dinámicos y promisorios del país.

Arturo Quiroz, de la Cámara de Asomineros de la ANDI, agregó que también representó “más del 20 por ciento de las exportaciones totales del país, contribuyendo con más del 1.5 por ciento del PIB nacional, y está generando 200 mil empleos a nivel nacional, además tiene muchos encadenamientos y es muy importante para el desarrollo económicos del país”.

Apoyo académico

La Universidad Nacional de Colombia en Medellín es responsable de la programación académica del Congreso Colombiano de Minería – Jornadas Técnicas 2009, que se efectúa como preámbulo a la celebración del XV Congreso Colombiano de Minería y que constituyen un preámbulo de las celebraciones de los 125 años de la Facultad de Minas y el Bicentenario de la Independencia de Colombia, en 2010.

Precisamente, como evento previo al Congreso Colombiano Minero, este 26, 27 y 28 de agosto en el Auditorio Alejandro López, bloque M3 de la Facultad de Minas, se efectuará la III Reunión Técnica Gecomin ‘Visión de la comunidades y rublos indígenas en relación a la industria extractiva minera’.

Este evento internacional hace parte de la red Cyted (Ciencia y Tecnología para el Desarrollo), que tiene 142 países asociados y que financió el proyecto Gestión con la Comunidades Mineras (Gecomin), cuyo objetivo fundamental es diseñar metodologías que permitan mejorar el relacionamiento de las comunidades mineras en las áreas de influencia de actividades mineras.

“Para esta tercera versión se integrará el tema de la visión de los pueblos aborígenes en relación con la industria extractiva. Participarán conferencistas de Argentina, Perú, Chile, Ecuador, Guatemala y Brasil, presentando los temas sobre cómo ha sido la visión que tienen las comunidades aborígenes en esos países”, explicó Adriana González, investigadora del grupo Gemma.

Por Colombia se presentarán las ponencias relacionadas con los indígenas coconucos, ubicados en el departamento del Cauca, comunidad con la que se ha realizado un proyecto exitoso con la actividad minera; y otra con el Ministerio de Vías y Trasporte, sobre la consulta previa para acceder a un proyecto minero.

La programación se puede consultar en:

http://www.colombiamining.com/gecomin/GECOMIN.pdf

(FIN/DAC/CSM)

Fuente: Agencia de noticias UN

La Universidad Nacional está organizando la III Reunión Técnica del proyecto GECOMIN de la Red CYTED, cuyo objetivo principal es prevenir los conflictos con las comunidades producidos por las actividades mineras.
El tema principal de esta reunión es analizar la “Visión de las Comunidades y Pueblos Indígenas en Relación a la Industria Extractiva Minera”. 

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